Tres

Pedro está contento: tiene varicela y, por prescripción de su Pediatra, Carolina, no puede ir al Colegio. Aunque ha estado dos días mal, con fiebre, la perspectiva de dos semanas sin ir al colegio le ha animado bastante. Además, Carolina le ha recetado un jarabe con el que los granitos le pican muy poco. Para Pedro, esto de la varicela es como unas vacaciones, hasta el punto que le ha preguntado a María, su madre, cuando puede volver a “pillar” la varicela.

María ha decidido retomar la sugerencia de la psicóloga y hablar con Pedro de su Dificultad de Aprendizaje.

Para Pedro, la simple palabra colegio, es el origen de todo tipo de angustias, por lo que evita todo lo relacionado con el mismo. Pero, poco a poco, María consigue ir sonsacándole algo. Los demás niños se ríen de él cuando se equivoca al leer una frase, lo que ocurre a menudo. Y eso le duele mucho. María empieza diciéndole que todos somos diferentes.

-Pero no me gusta que se rían de mí -insiste Pedro.

-Cariño, a nadie nos gusta que se rían de nosotros.

No es fácil explicarle a un niño en qué consiste ser diferente, y mucho menos por qué esas diferencias son con frecuencia motivo de burla o, aún peor, de agresión física o verbal.

Con la perseverancia propia de una madre, María insiste en tratar de explicarle a Pedro el por qué él tiene algunas dificultades para la lectura. Sabe que en esa primera conversación con su hijo no va a lograr mucho más que abrir una puerta para poder seguir hablando con él del tema.

Los días pasan y a la dificultad de Pedro en el colegio se ha sumado el retraso lógico como consecuencia de la convalecencia de la varicela. María ha intentado por todos los medios ayudar a su hijo con los deberes en casa, pero sólo ha conseguido desesperarse, angustiarse y experimentar un sentimiento de frustración ante la dificultad de Pedro. Hablando del tema con otra madre de la Asociación, ésta le ha recomendado que busque un profesor particular.

María lo habla con José, el cual ha notado que su mujer está completamente agobiada intentando ayudar a Pedro con los deberes del colegio, y le parece bien.

No tarda María en enterarse de una profesora que "ayuda" con los deberes a otros niños disléxicos y se pone en contacto con ella. Se llama Aurora, es Profesora de Educación Especial, y se está preparando unas oposiciones. Las tardes las dedica a dar clases de apoyo a niños y niñas con dificultades de aprendizaje.

El primer día, Pedro se obstina en no querer ir a la clase de apoyo. Ha montado una tremenda pataleta. Para él, en principio, no se trata nada más que lo mismo a lo que está habituado en el colegio y que aborrece en extremo. María ha tenido que recurrir al chantaje de comprarle un juguete. De vuelta de esa primera clase con Aurora le preguntan María y José qué tal le ha ido. Pedro contesta escuetamente: "Bien".

Unos días más tarde, Pedro le pide un periódico a su madre. María se lo da. Pedro empieza a hacer pequeños recortes con unas tijeras.

-¿Qué haces? -pregunta María.

-Estoy recortando letras.

-¿Y para qué?

-Aurora me ha dicho que busque en un periódico las letras de mi nombre y que las recorte -explica Pedro.

María aprovecha para preguntarle a su hijo qué tal con Aurora y qué es lo que hace con ella. Pedro le explica que ha estado haciendo letras con plastilina, dibujándolas en cartulina y recortándolas.

-¡Ah, y también hemos jugado al dominó! -añade Pedro.

-¿Al dominó? -pregunta María incrédula.

-Sí, al dominó.

María no tiene muy claro que el "apoyo" que recibe Pedro, a base de plastilina, dibujar y recortar letras, o jugar al dominó, sea lo más apropiado para un niño con problemas de aprendizaje y que empieza a ir francamente mal en el colegio.

Por la noche le expresa sus dudas a José, su marido.

-¿Al dominó? -pregunta José cuando María le cuenta la conversación que ha tenido con Pedro- ¿Qué tiene que ver el dominó con todo esto?

-No lo sé; pero se lo voy a preguntar mañana mismo a Aurora.

Al día siguiente, María aborda a Aurora para pedirle algunas explicaciones. Aurora le explica, pacientemente, que para un disléxico, cuyo problema es, fundamentalmente, las letras, lo primero que habrá que hacer es familiarizarse con las mismas: dibujarlas, recortarlas, fabricarlas en plastilina y un sinfín de cosas más que irán haciendo en clase.

-Todo eso está bien -dice María- pero Pedro va muy mal en el cole y lo que necesita es ponerse al día.

Aurora trata de explicarle que para "ponerse al día", Pedro necesita en primer lugar familiarizarse con el lenguaje. Pedro, probablemente, siempre irá por detrás; pero, el cuánto más detrás, dependerá del tiempo que tarde en automatizar el lenguaje.

-Las letras forman sílabas; las sílabas palabras. Las palabras oraciones -explica Aurora- Tenemos que ir pasito a pasito, y lo primero son las letras.

-¿Y el dominó? -pregunta María.

Aurora no puede evitar una sonrisa. Le explica que el dominó con el que juega con Pedro es un dominó que, en vez de tener puntos, tiene letras, de manera que, jugando, Pedro va asimilando, de otra forma distinta, los símbolos que serán necesarios para manejarse en el lenguaje escrito.

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Tengo un hijo de 10 años, tiene problemas de aprendizaje, y lo mismo que el caso expuesto es muy similar a su vida, lo llevo a sicologo, a refuerzo, ya casi por 3 años y aun no encuentran que tiene,

Espe dijo...

Hola a todos,
Yo tengo un hijo de 8 años y después de varios años pensando que tenía un problema de aprendizaje, al cambiarle de colegios pasó de ser un niño "flojo" a ser un niño disléxico. No me alegré ni mucho menos pero ahora le estamos tratando de otra manera y su autoestima está creciendo poco a poco. Es un proceso lento y a veces desesperante tanto para él como para mi,pero detrás de una frustración siempre viene algun abance por muy pequeño que sea.ánimo a todos y hagamos que la vida de nuestros hijos disléxicos está siempre llena de pequeños logros y no de grandes fracasos.