Uno

María y José son los padres de Pedro. Pedro es un niño de 7 años completamente normal, pero, recientemente, la maestra de Pedro les ha dicho que su hijo no va bien en el colegio, que Pedro es un "poco vago" y se distrae en el aula. No es nada ordenado y se deja las tareas siempre a medio hacer.
María y José se han llevado un disgusto: “Pedro es vago”. Pero, entre María y José, hay disconformidad de criterios. Para José es algo normal, ya se le pasará: “yo, de pequeño, también me dejaba muchas veces los deberes sin hacer”.
María: "¿y si le pasa algo, está enfermo o tiene algo en el cerebro? Voy a pedir cita con el médico para que le mande al neurólogo".
José: "¡Eres una exagerada! Te digo que es normal".

Analicemos hasta aquí lo que está pasando.

Para la maestra de Pedro, Pedro es “un poco vago”
Para José es normal, Pedro lleva su propio ritmo y ya espabilará
Para María a su hijo le pasa algo, ¿tendrá alguna enfermedad?

Para el mismo niño, tres personas que están con él, tienen una percepción completamente distinta de lo que está pasando.
Las posturas de María y José son, de momento, muy extremas y distantes, y esto, en muchos casos, puede servir de coartada para el maestro/a:

Si María le pregunta (a la Maestra): ¿no le pasará algo, tendrá alguna enfermedad?
La Maestra contestará: Llévale al médico para que le hagan unos estudios.
Si Pedro dice: Bueno es normal, a mí también me pasaba de pequeño, ya espabilará.
La Maestra contestará: Cada niño lleva su propio ritmo, seguramente espabilará, pero insistirle en casa para que haga los deberes.

Difícilmente (bastante raro) encontrarán un Maestro/a que les diga:
Sois un par de idiotas los dos. Vuestro hijo parece tener algún tipo de problema, que no es médico, y que no se le va a solucionar porque tarde un poco más en “espabilarse”.
Porque si la Maestra de Pedro obrase con este planteamiento, el presunto problema se encauzaría fácilmente.

Así pues nos encontramos con que María y José tienen una percepción diferente y distante de lo que está sucediendo. Mientras no se acerquen sus posturas, poco se avanzará y podrá ser el origen de discusiones entre los propios padres que sólo sirvan para reafirmarse en su propia postura.
José pensará: "María está obsesionada con Pedro".
María pensará: "A Pedro le pasa algo y su padre pasa del tema".

Mientras tanto, ¿qué pasa con Pedro?
Una mañana, al levantarse dice que le duele la tripa.
María llama a su madre (la abuela de Pedro) para que venga a cuidarle a casa ya que como le duele la tripa no va a ir al colegio.
Otro día, una semana después, a Pedro le vuelve a doler la tripa y se repite la historia.
María pide cita con el Pediatra

El Pediatra reconoce a Pedro y no le encuentra absolutamente nada. Lo que sigue podrá producirse en la primera, en la segunda o tercera visita al Pediatra en semanas sucesivas, dependiendo de la perspicacia del Pediatra.
Catalina (que así se llama la Pediatra) le pregunta a María:
-¿Va contento Pedro al Colegio?
-¿Tiene algún problema en el Colegio?

María contesta que no, pero aprovecha para plantear sus dudas médicas a raíz de la conversación con la Maestra, y le cuenta a Catalina que, según la Maestra, Pedro es un poco vago.

Catalina pregunta a María qué opina José de todo eso y María se lo cuenta.

Para Catalina es relativamente fácil atar cabos sueltos porque se encuentra al margen y esa visión del problema le va a permitir un análisis más objetivo:

Pedro tiene una somatización, lo que indica un conflicto presumiblemente relacionado con la escuela (dolor de tripa: se queda en casa y no va al cole). Para la Maestra, Pedro es vago. Catalina sabe que en muchos casos, vago es como, desafortunadamente, se etiqueta a un niño que presenta una Dificultad de Aprendizaje. José considera que ya espabilará, que a él también le pasaba de pequeño. Quizás José tuvo también una dificultad de aprendizaje, y Catalina sabe que existe un componente hereditario importante en las Dificultades de Aprendizaje. Y María está angustiada porque su hijo posiblemente tenga un trastorno neurológico.

Catalina intenta explicárselo a María, pero, seguramente, María no está receptiva aún para ese tipo de información. Probablemente, las conclusiones que extraiga de lo que le cuente Catalina es:

"Pedro tiene una dificultad de aprendizaje por culpa de José, y en la escuela no le hacen ni caso".

De vuelta a casa lo primero que hace es acudir a Google y buscar dificultades de aprendizaje. Lo más probable es que la información que encuentre le confunda aún más, y que, luego, con José, tenga una nueva discusión más que asegurada. La búsqueda en Internet le ha supuesto un bombardeo de información con términos completamente nuevos para ella que no está preparada aún para asimilar: dislexia, discalculia, retraso escolar, déficit de atención, y un largo etcétera más.

Más angustiada que otra cosa, solicita una entrevista con la Maestra de Pedro en la que se dedica a bombardearla con preguntas, relativamente inconexas, acerca de que Pedro probablemente tenga una dificultad de aprendizaje.

Llegados hasta aquí, pueden ocurrir dos cosas: que la Maestra analice la situación y se plantee que, efectivamente Pedro pueda tener una dificultad de aprendizaje, o, lo que es más probable, que perciba, la angustia de María y saque la siguiente conclusión: “Esta mujer es una histérica”.

Como esta segunda posibilidad es la más probable, María habrá cometido un importante error: recurrir al Colegio en el peor momento, cuando aún no ha conseguido canalizar su propia ansiedad. Lo único que ha hecho ha sido transmitir su angustia a la Maestra de Pedro que se reafirmará en que Pedro es un vago, lo cual no es de extrañar "con una madre que está todo el día buscando fantasmas por Internet, en vez de estar pendiente de que Pedro haga sus tareas del colegio en casa".

¿Qué debería haber hecho María?

Desde luego no recurrir a la Maestra con un bombardeo de información por Internet sin previamente asimilarla. En todo caso, utilizar esa información para realizar preguntas concretas para sondear la actitud de la Maestra.

Ejemplo de cómo no se debe preguntar:

-¿Lo que le pasa a Pedro es una dificultad de aprendizaje?

Es una pregunta muy directa y la Maestra se va a escudar en que no es a ella a quien le corresponde diagnosticar una dificultad de aprendizaje.

Es preferible:

-Lo que le pasa a Pedro, ¿podría ser una dificultad de aprendizaje?

La pregunta es más abierta, y María debe estar preparada para la respuesta que, con toda probabilidad, en esa primera entrevista, va a ser: "Yo creo que no".

No debemos los padres pretender, de esa primera y única entrevista hasta el momento, que la Maestra dé marcha atrás y contacte con el Gabinete de Orientación para una evaluación psicopedagógica de nuestro hijo.

En el mejor de los casos, lo más que debería plantearse María es dejar una puerta abierta para que la maestra de Pedro pueda reconsiderar la situación, pero haciéndolo de forma sosegada para no dar la posibilidad que la maestra pueda reafirmarse en que María es una histérica.

¿Y José? José sigue en sus trece de que Pedro espabilará en cualquier momento.

Sin querer, la perspicacia de María juega a su favor. Le cuenta a José la entrevista con la Maestra, pero de una forma peculiar:

-Me ha dicho la Maestra que Pedro a lo mejor tiene una dificultad de aprendizaje

José reacciona:

-¿Cómo que una dificultad de aprendizaje? ¿Qué enfermedad es esa?

A María Internet le ha servido para responder a José de forma categórica:

-No es ninguna enfermedad.

Efectivamente, las Dificultades de Aprendizaje no son enfermedades.

-Entonces, ¿qué es?

María consigue arrastrar a José hasta el ordenador y buscan en Google. Por primera vez hacen algo juntos por Pedro: buscar respuestas. Cuatro ojos ven más que dos, y José tiene más experiencia que María en el manejo de Internet, por lo que selecciona recursos más concretos relacionados con las Dificultades de Aprendizaje.

José está absorto. Empieza a ver descrito no a Pedro, su hijo, empieza a ver descrito lo que le pasaba a él, de pequeño en el colegio.

Encuentran en una página que existe un componente hereditario en las Dificultades de Aprendizaje.

-Eso mismo es lo que me dijo Catalina –dice María.

José piensa: "si eso me pasaba a mí, y puede ser hereditario, es muy probable que le pase también a Pedro".

Efectivamente, las Dificultades de Aprendizaje no son enfermedades y pueden tener un componente hereditario.

Lo más importante que está sucediendo es que María y José están acercando posturas, lo que será importante para Pedro.

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